Si me acompañas

Ahora estoy leyendo
Atrapa el pez dorado de David Lynch
si te apetece, me acompañas.

domingo, 12 de febrero de 2017

Detente si quieres, toma aliento, pero no te vayas

Busco la traducción de Live on Mars de Bowie, me gusta como suena, la música; no entiendo lo que dice, pero cuando la oigo, siento el corazón abriéndose de par en par, triste y desgarrado, pero abriéndose al fin y al cabo, como si una extraña esperanza en medio del desastre apareciera. Una esperanza poco común, una que no es de este mundo que no puede entenderse con los sentidos de este mundo, una esperanza que guiña el ojo en un frame imperceptible. Una esperanza que abre el corazón no por seguridad o confianza, sino por un deber con la vida, un compromiso que canta y luego grita sigue, sigue ahí, detente si quieres, toma aliento, pero no te vayas, no ahora, no te vayas, sigue ahí, aguanta, sí, es ahora, ahora. Y eres tú. Tú y ahora. 


Junto a la tradución hay un mensaje:

"No esperes entender el 100 % de la letra de la canción, debes intentar afinar el oído para distinguir las palabras de la letra, aunque no sepas lo que significan en un primer momento, si escuchas varias veces la misma canción te darás cuenta que la letra se va aclarando en tu cabeza."

Tal vez, se refiera al idioma. Tal vez, a la vida.


"No esperes entender el 100 % la vida, debes intentar afinar el oído para distinguir lo que es vida y lo que no, aunque no sepas lo que significa en un primer momento, si escuchas varias veces te darás cuenta que todo se va aclarando en tu cabeza."

viernes, 27 de enero de 2017

Veintisiete

Sentada en la consulta del dermatólogo, mientras él extiende una receta (me gusta el verbo extender, lo mismo extiendes una toalla en la arena de la playa, como escribes algo tan ausente de belleza como una receta médica), miro sus paredes. Él no cuelga los cuadros con clavos en la pared, sino como si de un museo se tratase una regleta de metal sostiene unos hilos de los que cuidadosamente -imagino- alguien ha colgado los lienzos. Y pienso, claro, a un dermatólogo no le debe gustar manchar, estropear ni agujerear las superficies. La pared como la piel de la casa se mantiene intacta.

Hoy, justo hoy, unos días después de aquellos pensamientos, inicio el tratamiento para cuidar mi piel. La piel de mi casa.
Hoy justo hoy que siento que por momentos se me va a cambiar toda la piel del cuerpo y arrastrada por la lluvía va a acabar en cualquier orilla del río junto a piedras, musgo y remolinos.




jueves, 19 de enero de 2017

Me gusta Jarmusch y no me acordaba cuánto



La cama en el suelo y las sábanas de algodón revueltas, la mesa verde de metal de los desayunos, la ventana que daba al patio compartido, abierta de par en par, el arroz con fresas o la desnudez; tal vez, aquellos días austeros, leer poesía, el amor, las palabras o aquel olor en el aire, no lo sé, no puedo decirlo, pero sentía vivir en una película de Jarmusch. Él se rió mucho cuando se lo dije, pero creo que lo entendió, definitivamente fue eso lo que hizo que me enamorase del todo. 

Me gusta como mira Jarmusch, sentirme en ese universo, bajo esa mirada; posee los ojos de quien sabe contar lo cotidiano y lo hace, los silencios, la lentitud, la contención, la mueca callada de quien no quiere herir, el amor no dicho, pero sentido, cuidado.

He vuelto a enamorarme de la forma en la que mira Jim Jarmusch, como quien ve poesía en todo lo que le rodea, sin pretensión; sin gritarlo ni imponerlo. Desde la más poética y desnuda sencillez. Es poesía y no hace alarde, no es necesario.

Me había olvidado. Me gusta Jarmusch, ya no me acordaba cuánto.
El día 7 de diciembre estrenaron su última película. El día de mi cumpleaños. Hoy la he visto. Paterson. Gracias.

martes, 10 de enero de 2017

Amor a manos llenas, a corazón abierto





Subo las escaleras de metal blanco y ella las baja. Hola, me dice, ¿nos conocemos? No, contesto, creo que no. Tal vez nos hemos visto… No, es la primera vez que vengo. Y ella sonríe. Siento que cree que sí nos hemos visto, no aquí… en algún otro lugar, cuando éramos otras, como si fuera posible coincidir en otras vidas y, además, recordarlo.
Así siempre ha sido mi relación con Adriana, una de las mujeres inspiradoras de este viaje.
A veces, me llama y me pregunta cómo estoy, como si supiera ya como estoy y como si supiera ya que necesito contarle a alguien mis desasosiegos. Como si fuera posible que alguien en la distancia supiera más de una que una misma.
Así es ella, por encima de lo que ocurre y lo que pueden los simples ojos ver. Ella ve más allá. Como las poetas, las artistas, las magas, las sabias.
Un cuerpo vital, una sonrisa amable, una mirada crítica y amorosa a la vez.
La he visto llorar y reír como lo hacen los seres que viven entendiendo las cosas de otra manera, sabiendo leer no sólo entre líneas, más allá de las palabras, los sentires y la misma vida.
Generosa e inteligente, de las que aprenden de sus errores sin más culpa que el saber que el error forma parte del juego.
La recuerdo con su biquini de flores en el río, en mi río, en un ritual hermoso que nos contó que el agua se lo habrá de llevar todo, pero la vida permanece y nosotras estuvimos allí para disfrutarla aún sin entenderla del todo. Amándola.