Si me acompañas

Ahora estoy leyendo esto, si te apetece, me acompañas:
De lo espiritual en el arte de Kandinsky

jueves, 30 de abril de 2015

27 de abril, día de la marmota

Este lunes toma el mismo autobús de línea que cada día, la diferencia es que al llegar a destino deberá tomar otro para ir unos días fuera de su rutina, pero dentro de sus obligaciones.

En el primer autobús, en el de línea, a las 7 de la mañana encuentra un periódico, lo lee por encima, con más sueño que curiosidad por la actualidad, con algo de enfado, que no sabe porque dijo que sí, o si sí lo sabe, ahora no le parece suficiente argumento.

Dos días después en el mismo autobús de línea, ahora a las 5 de la tarde, ahora de regreso a casa, encuentra el mismo periódico y fantasea con estar en el día de la marmota, con haber viajado en el tiempo, se pregunta cómo viviría el mismo día sabiendo lo que sabe.

Sintiendo lo que siente, ¿qué alternativa tiene?

lunes, 20 de abril de 2015

8.02 del 21 de abril

Me levanto sin que suene el despertador, voy al ordenador como si algo allí me estuviera llamando con la urgencia de lo que no puede esperar más. Emergencia. (La palabra emergencia me lleva desde su sinonímia a  su definición como supervivencia, y su interesante oposición a "dualismo" para acabar en Stuart Mill. Y aún no son las 7.30)

Busco una editorial sensible con los que sufren, los que son discriminados, los pequeños de los pequeños. Una editorial que piense en construir un mundo mejor.Tengo un libro que puede gustarles.

Leo un fragmento de ese libro que escribí bien acompañada hace ya unos años. Es un libro que se cuenta desde el dibujo y desde las letras. Dibujos que quieren ser contados y, al revés, letras que quieren ser dibujadas.

Busco una autora que me lleve de la mano a la editorial correcta. Escribo en la pestaña de google: Ursula W. Escritora. Aparecen dos grandes mujeres de las letras Ursula K. Le Guin que escribe ciencia ficción, por simplificar, siempre acabo por encontrarme con ella a través de amigos que me prestan sus libros sin que yo se los pida. Y Ursula Wölfel, que escribe para los que nadie escribe. No se puede contar lo que Ursula hace, hay que leerla (sí, con el "ha" de deber, que no de obligación)... Y no lo sabía o no conscientemente, al menos, que ella había escrito Zapatos de fuego y sandalias de viento, libro que me leyó Cristina, mi amada hermana, un día en la cama de mis padres cuidándome de una fiebre.

De Ursula hoy he sabido  que nació un 16 de septiembre de 1922 que fue profesora y escritora y que se dedicó por completo a la escritura a partir de sus 40 años, que tiene un libro sobre Francisco de Asis y que me muero de ganas por leer de ella Los otros niños.

Y alguna cosa más que ...


jueves, 26 de febrero de 2015

Avalar con la presencia


Me pierdo por internet para ahuyentar la hora de irme a dormir... Me gustan las fotos recreando la vejez de Elvis o Kurt Cobain o... Como si supieramos cómo iba a tratarles la vida... Ninguno calvo ninguno con muestras de los estragos que causa en el cuerpo la droga... Ninguno con botox, esquivando la vejez.. Claro, están muertos y los imaginamos vivos viejos sencillos. Unas arrugas, pelo blanco, ojos cansados de comisuras lánguidas... no sabemos qué hubieran pasado estos muertos de estar vivos: Alegría. Tristeza. Dolor. Pérdida, sueños, orgasmos, desengaño, descubrimiento, aprendizaje, desaliento, espera, enfermedad, ausencia, lucha, atrevimiento, presencia, pensares, miedos, escucha, nadas, encuentros, luz, frustración y vuelo... 
Cuánto de todo eso cabe en una vida. 
¿Cuánto en la propia?

También me gusta ir a un lugar donde me siento bienvenida. Esta tarde me he sentido así, arropada por el cuidado honesto de personas buenas, acariciada por miradas antiguas que me avalan con su cariño presente.

Me gusta sentirme en casa en cualquier lugar donde haya personas que me hagan sentir calor, calor humano del que se conoce y se reconoce en el camino andado.

martes, 24 de febrero de 2015

Julia, Durero y Whitman

No recordaba lo mucho que me gusta pasear por  los estantes de las librerías.
Ver libros desconocidos o viejos amigos editados de nuevo, ganas locas de volver a Cortázar o hacer bromas con E con títulos como Ser amigo mío es funesto, correspondencia entre Joseph Roth y Stefan Zweig, las ilustraciones de Nórdica y La Odisea de bolsillo.

No recordaba lo mucho que me gusta Hojas de Hierba de Whitman:

"Tú también me interrogas y yo te escucho,
Contesto que no puedo contestar, tú mismo debes encontrar la
respuesta.
Siéntate un momento, hijo mío,
Aquí tienes pan para comer y leche para que bebas,
Pero después de haber dormido y haber cambiado de ropa te beso
con el beso del adiós y te abro la puerta para que salgas.
Demasiado tiempo has perdido en sueños deleznables,
Ahora te quito la venda de los ojos,
Debes acostumbrarte al brillo de la luz y de cada momento de tu
vida."

Sí recordaba, recordé esta mañana, gracias a C, que hubo un día que yo leía mal. Y en el grupo de los tontos, de las tontas, en aquel colegio de monjas sólo para chicas, la hermana Julia, que decían que era de buena familia, militar y rica, que lo había dejado todo para entregar su vida a Dios, nos enseñaba, dulce, firme, con voz bajita e imagino con una paciencia inmensa, nos enseñaba a leer, y, aunque no lo recuerdo bien, probablemente, también nos enseñaba el amor a leer. Delgada, pequeña y humilde, Julia, me ofreció el mayor de los regalos, las letras, su tiempo y un inmenso amor que resulta imposible de olvidar.
Aún la veo, como en un sueño, en la capilla de un colegio que ya no es como era, yo en un banco y en otro  ella, muy cerquita, por si la necesitaba. Una yo pequeña y beata que aprendió a orar ante los grabados enormes de un Albercht Dürer, la Ascensióny los Reyes Magos, que a pesar de las reformas aún perduran; una yo pequeña y tonta que aprendió algo más que a leer.


domingo, 25 de enero de 2015

Una bomba en la bolsa

Subo al autobús de barrio y me siento junto a la ventana. En los autobuses de barrio, esos que son más pequeños, la ventanas son más mlargas y al apoyarte en ellas es, realmente, como si estuvieras en la calle como si volaras sentada sobre el asfalto, al menos, esa es la sensación que a mí (que no consumo drogas) me da.
Mientras volaba sobre el asfalto, han subido al autobus una señora cargada con una bolsa, una mujer muy mayor y su hijo acompañándola, cuidándola. Estos últimos se han sentado junto a mí. Estaban divertidos y hablaban sin parar, contagiaban, yo les miraba, sin intervenir, y a ellos les gustaba ser mirados y me incluían con la sonrisa en su conversación, que fue algo así:

- ¿Qué habrá en esa bolsa?
- Tal vez, una bomba...
- Vaya
- Sí
- A ver si saltamos por los aires
- Saltar sí saltariamos
- Jajajajja
- Y por los aires al aire o al cielo
- O al infierno...
- Sí, eso depende..., ¿tú ya tienes tu parcelita allí?
- Quita, quita... la tengo, pero que espere...

Aquí la mujer más mayor acompañada de su hijo, ha sonreído, pero raro, además ha hecho un gesto, con la mano levantada daba palmadas en el aire hacia detrás cuando pronunciaba sonriente y rápida el "Quita, quita..."

Luego ha dicho, y eso es lo que me ha llevado a escribir:
 
- Hablemos de aires, cantos y... comida.

Y la he podido ver, respirando, danzando, cantando y gozando.
Y se me ha ocurrido que es así como despistamos a la muerte.

miércoles, 31 de diciembre de 2014

2+0+1+4= 7



M dice que que tenga sueño (sin “s”) es bueno, que eso significa que hago caso a mi cuerpo y no a mis pensamientos.  Así que hago caso a mi cuerpo y sus deseos y como tengo ganas de ir al cine, voy al cine cada día. También tengo ganas de leer y de pasear.  De estar en casa y de escribir. Y eso hago.



Si todo eso lo manda mi cuerpo, está claro que es mucho más listo que yo.

Mi cuerpo también dice que le echa de menos, que le gusta el chocolate y las mandarinas y que necesita andar más despacio.



Saliendo de ver a M, tomo el primer autobús que pasa delante de mí, porque es el número 7, y me gusta, y con que me lleve al centro tengo bastante, pero me da por preguntar al conductor y me cuenta que el 7 va exactamente adonde quiero ir.



Sincronías, diría M.



Muchas mañanas me quedo embobada mirando el cielo amanecer desde otro autobús que pasa por esa zona hasta dejarla atrás, y me enamoro de todos los edificios que el sol toca. Edificios de metal, cemento y cristal que me parecen honestos, robustos, grandes, inocentes y sencillos.  A uno de ellos le he hecho mil fotos cuando ambos aún estamos dormidos, amaneciendo los dos; con el sol a sus espaldas, él. Con el sol achicándome los ojos, yo.



Hoy bajé del 7 y le pregunté a un señor. Ven, ven… que desde aquí no se ve... Le he seguido unos dos metros... Ves, es ese edificio tan feo de ahí.



En fin, tal vez la belleza tenga que ver con conocerse, con los amaneceres juntos o con ser honestos y sencillos.


domingo, 28 de diciembre de 2014

El espíritu y la letra

Leo de Kandinsky el capítulo 8 de La espiritualidad en el arte.

Como todo el libro de apenas 116 hojas, 15 x 21, con ilustraciones, lo leo lento, saboreándolo, repitiendo oraciones enteras, quedándome abstraída, buscando en el otro, el libro con sus cuadros a color, más mensaje que la palabra, aunque su palabra sea esencial y buena.

Escoger una idea sobre otra sería romper el discurso, decir que vale más ese concepto que ese otro... así que no escojo, abro el libro por el capítulo VIII y empieza con La verdadera obra de arte nace misteriosamente del artista por vía mística y  resigo con el dedo la línea de tinta hasta que se para en el "buen" dibujo es aquel que no puede alterarse en absoluto sin que se destruya su vida interior. El artista, que debe tener libertad sin trabas, debe tener algo que decir porque su deber no es dominar la forma sino adecuarla a un contenido...

Y más mucho más...

Y me deja, porque el capítulo 8 es el último, con hambre de más, y voy en busca de artistas que hablaron de sus sentires, pensares y pesares creativos. Y doy con Giacometti. Su libro habitaba en mi casa desde hace mucho, desde que su exposición en Barcelona me hiciera enamorarme de él y sentir que algo se abría en canal en mí. Hoy parece que es el momento.

Sus recuerdos de infancia, son misteriosos y naturales como son los secretos de todos los niños - que han tenido la suerte de serlo-, al menos, eso me parece. Creo que era Baroja que decía que uno escribe siempre sobre su infancia, aunque a Baroja a mi me cuesta imaginarle niño. Nada, sin embargo, me cuesta ver al niño Giacometti desaliñado, despeinado y sucio descubriendo monolitos de infancia, como luego desaliñado, despeinado y sucio el mismo niño adulto descubriéndose en los monolitos de artista. Y dándoles a uno, el niño, y a otro, el artista, la misma importancia, la misma autoridad, la misma ternura.
 
En 1935 Giacometti fue expulsado del grupo de los surrealistas. Pienso en los artistas que se sintieron o fueron excluidos, apartados, los que escucharon un "no" y siguieron. Pienso en Andersen, en Kafka... ahora en Giacommetti... mucha ha de ser la fuerza de un hombre -y me sale la palabra "hombre", que también me contiene, como "humanidad", que la palabra "persona" me resulta demasiado suave...-, muy grande el motor o la locura para no rendirse a otra cosa que no sea la creación y el arte.